Sin subsidio y sin timón: el alza récord de la gasolina pone a prueba la paciencia del país

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Superar la barrera de los Q40 lleva a Guatemala al pico de precios más alto de su historia, exigiendo firmeza estatal antes de que estalle la tensión.

 

Ir a la gasolinera es hoy un golpe directo a la economía familiar. Por primera vez en la historia de Guatemala, los combustibles superan de forma sostenida la barrera de los Q40.00 por galón, fijando el nivel más alto jamás registrado en el país. Ni durante la recesión global de 2008, ni en la crisis energética de 2012, ni tras la sacudida en Ucrania en 2022 la población había enfrentado una factura tan asfixiante.

Esta escalada sin precedentes combina los conflictos en Oriente Medio con la retirada definitiva de los subsidios estatales.

Sin colchón fiscal, la crudeza del mercado internacional golpeó de lleno la economía doméstica, un panorama agravado por la incesante sospecha de especulación en las estaciones de servicio.

Las consecuencias trascienden con creces al automovilista: este pico histórico actúa como un impuesto invisible que encarece los fletes, dispara el costo de la canasta básica y devora el salario real.

Si bien la libre competencia impide al Ejecutivo fijar precios por decreto, escudarse en la inercia del mercado no es una opción. El gobierno no puede cruzarse de brazos a esperar que la tormenta pase; la gasolina es un elemento altamente inflamable en la paciencia de la gente y la tensión social no admite ambivalencias.

Aunque desde el ejecutivo ya escuchan voces que prometen un nuevo subsidio, lo cierto es que las autoridades deben actuar antes de que la crisis se les escape de las manos y el país entero se les caiga encima. Se exige una fiscalización implacable para frenar la especulación, esquemas de apoyo focalizado al transporte de bienes y pasajeros, y una política energética seria que reduzca la vulnerabilidad exterior.

Gobernar es prever, y el tiempo se ha agotado.