La USAC en la encrucijada: Más que una rectoría, un bastión de poder

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La turbulenta reelección del rector de la Universidad San Carlos profundiza la crisis de legitimidad académica y pone a prueba la capacidad de sistema de justicia para resolver su credibilidad ante el país.

La Universidad de San Carlos no solo es la única casa de estudios pública de Guatemala; es un engranaje vital en el diseño constitucional el Estado. Su importancia trasciende las aulas porque quien ocupa la rectoría posee una silla –y un voto determinante– en las comisiones de postulación que eligen a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, la Sala de Apelaciones y al fiscal general. Por ello, la accidentada reelección de Walter Mazariegos para el periodo 2026-2030 no es un asusto puramente académico, sino un evento con profundas repercusiones para la democracia guatemalteca.

Los disturbios, la ruptura de quorum, las desavenencias y acusaciones de fraude de lado y lado dejaron un panorama de incertidumbre jurídica. Por un lado, Mazariegos representa la consolidación de estructuras tradicionales, acusado por sus detractores de controlar la universidad mediante redes de clientelismo. Por el otro, figuras como Rodolfo Chang, decano de Veterinaria, han aglutinado el descontento de sectores reformistas que denuncias un “fraude” sistemático para excluir las voces disidentes. Esta polarización ha provocado que el Ejecutivo, a través del presidente y vicepresidenta, señalen la urgencia de que el sistema judicial resuelva los amparos pendientes para “resguardar el legado de lo público”.

Lo cierto es que la falta de legitimidad en la elección rectoral contamina el resto de los procesos de selección de autoridades judiciales.

Si la cabeza de la USAC es cuestionada, la validez de sus representantes en la Corte de Constitucionalidad y de la Junta Monetaria también entran en terreno pantanoso. En este escenario, la “certeza” se convierte en el activo más escaso.

Corresponde ahora a las Cortes actuar con la celeridad que el país reclama, no para favorecer a una facción, sino para garantizar que la universidad recupere su rol con faro de legalidad, de moral y luces; y no como una pieza más en el tablero de intereses políticos. Los hechos están expuestos y la comunidad sancarlista exige respuestas prontas. Al final, en democracia gana quien saque más votos, y eso se respeta.